Entrenamiento efectivo de la fuerza en el golf

Una de las creencias generalizadas sobre el golf es que es un deporte de bajo impacto, con bajas cargas y, por tanto, con un riesgo relativamente bajo de sufrir lesiones musculares. Esto puede deberse al hecho de que una gran parte de la población lo practica como una actividad de ocio. Esto incluye aficionados, personas de la tercera edad y otras personas que lo emplean como terapia de rehabilitación, ya que este deporte está recomendado también para pacientes que han sufrido patologías en las articulaciones.
Además, al ser una actividad intermitente, el golf combina múltiples acciones, como andar, permanecer en pie para ejecutar el swing y golpear la bola. En este caso, uno de los aspectos más importantes para una buena práctica del golf es controlar la precisión y la distancia de tiro. La distancia de tiro depende de muchos factores, entre ellos: la habilidad técnica, las características de la varilla y la cabeza del palo, la secuencia de acciones realizadas y la potencia generada.
Teniendo en cuenta estos factores, es evidente que el entrenamiento de la fuerza y las capacidades físicas benefician notablemente el desarrollo de las prestaciones en el golf. Asimismo, se han detectado relaciones positivas entre la puntuación media y la potencia de las piernas. Otros aspectos, como la elevación en alto o la fuerza de presión de la empuñadura con el brazo dominante y no dominante, la velocidad de rotación del tronco y la fuerza muscular en general dan como resultado una mejora de los resultados globales en este deporte. Estas mejoras incluirían el aumento de la distancia del golpe, la distancia de la bola, la velocidad del palo y la velocidad de la bola. Por último, se ha detectado una correlación negativa entre la fuerza de los aductores y el nivel de handicap, lo que sugiere que el entrenamiento de la fuerza influye positivamente en la distancia del golpe, sin que repercuta negativamente en la precisión.

Zonas susceptibles de sufrir lesiones en el golf: la rodilla

Sin embargo, es conveniente recalcar la importancia de adoptar medidas preventivas para mejorar el rendimiento. Las lesiones más frecuentes en el golf son: epicondilitis, esguinces, tendinitis, síndrome del túnel carpiano y dolores de rodillas, espalda y manguito rotador.
La aparición de una lesión podría deberse a múltiples razones, entre ellas, un calentamiento insuficiente, falta de fuerza o flexibilidad en el tronco, mala técnica de swing y un uso excesivo de determinados grupos musculares/articulares. Un número cada vez mayor de estudios científicos demuestran que los programas de entrenamiento de la fuerza son una forma eficiente de reducir las probabilidades de lesión.

Ejercicios para el entrenamiento seguro de la fuerza en el golf

El objetivo de un jugador de golf no debería ser aumentar la fuerza en sí, ya que podría ser incluso contraproducente. El desarrollo de la fuerza muscular debería ir encaminada a mejorar la flexibilidad y capacidad de rotación del cuerpo. Los abdominales oblicuos son fundamentales para asegurar ese giro firme y controlado del torso que cualquier golfista debería tener. En cuanto a los músculos de los brazos, el triceps y el antebrazo son decisivos para golpear la bola con un gesto sólido, controlado y potente (cuando es necesario). En cuanto a la parte superior de la espalda, los trapecios, deltoides y romboides se ponen a prueba cuando se eleva el palo al final del tiro.

En cambio, las extremidades inferiores son esenciales en el swing, un golpe fundamental en el golf. Para ejecutarlo bien, es preciso fortalecer y tonificar los cuádriceps y los músculos posteriores del muslo.

Más fuerza en los músculos significa más potencia y precisión en el golpe y menos cansancio al final del partido. En el golf, el aumento de la potencia se traduce en más velocidad de tiro. Un buen nivel de entrenamiento muscular también ayuda a prevenir las lesiones y traumatismos que pueden afectar a la espalda.

Consejos sobre golf: dado que el golpe de golf combina múltiples movimientos, es recomendable empezar por mejorar los aspectos de fuerza con máquinas y pesas libres, o con Kinesis One, antes de pasar al entrenamiento sobre el terreno. Para concluir, los datos sugieren que entrenar los músculos de las piernas y caderas, el tronco y la fuerza de agarre es especialmente relevante para mejorar las prestaciones y prevenir lesiones en este deporte.

Cuidado con las lesiones provocadas por el swing

Los datos de las investigaciones indican que, en el golf, las lesiones de rodilla representan aproximadamente el 20% del total de las lesiones. Parece razonable pensar que los movimientos realizados al ejecutar el swing pueden contribuir a las lesiones producidas por el uso excesivo de las articulaciones de la rodilla. Una técnica de swing adecuada, combinada con una buena movilidad del pie, el tobillo, la cadera y la columna dorsal pueden reducir el riesgo de sobrecarga en la rodilla. Los jugadores que ya padezcan alguna patología en la zona, pueden estar expuestos a lesiones más graves. Finalmente, la fatiga asociada a tener que caminar distancias largas y, a veces, por terrenos desfavorables durante la práctica del golf puede reducir la capacidad de la rodilla de soportar cargas externas y movimientos durante el swing y, con ello, aumentar el riesgo de lesión.
Los estudios demuestran que la mayor parte de las lesiones ocasionadas el golf son de rodilla y señalan que el 70% de este tipo de lesiones se deben a la ejecución repetida del swing. También revelan que los aficionados de edades avanzadas están más expuestos a lesiones de rodilla que los jóvenes y suelen tener un historial de lesiones anteriores, aunque la documentación de que disponemos no nos permite atribuir estos episodios exclusivamente a la práctica del golf.
En general, la idea de que los jugadores pueden sufrir traumatismos como consecuencia del agravamiento de una condición patológica ya existente concuerda con los resultados de múltiples estudios que señalan que el 31,3% de los jugadores que padecían dolor crónico de rodilla antes de practicar el golf tendían a empeorar sus síntomas aunque no sufriesen lesiones posteriores.

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Fuentes
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