¿Pedalear? Todo depende del core

“La vida es como montar en bicicleta: si quieres mantener el equilibrio, tienes que moverte”. Albert Einstein

Cuando escribió estas palabras, quizá Einstein no estaba pensando en la mecánica del pedaleo, pero fue capaz de combinar las piedras angulares del ciclismo: el equilibrio y el movimiento. De hecho, solo manteniendo el equilibrio en los pedales es posible marcar la diferencia sobre la bicicleta. Y el equilibrio gira básicamente en torno al core.

Aparte de las piernas, hay más: por qué entrenar el core

Si vemos a un ciclista en acción, por ejemplo remontando un puerto de montaña, es fácil pensar que su fuerza se basa enteramente en los músculos de las piernas, que son ellas las que empujan mientras la fibra muscular se marca perfectamente bajo la piel como en un dibujo anatómico. No decimos que no sea cierto, pero solo en parte. De hecho, Graeme Street, entrenador atlético de ciclistas, afirma:

Puedes tener toda la fuerza del mundo en las piernas, pero sin un core estable no podrás utilizarlas con eficacia.

El core, ese núcleo estable del que habla Graeme, es la zona lumboabdominal en la que reside el centro de gravedad del cuerpo humano. Es un auténtico corsé anatómico que incluye todos los músculos situados entre los hombros y la pelvis y cuyo papel principal es actuar como centro funcional de las cadenas cinéticas.
Es la zona en la que se originan los movimientos, la que más responsabilidad tiene a la hora de estabilizar el tronco y asegurar que la fuerza ejercida se transmita sin pérdida de potencia.
¿Qué significa esto? Veamos cómo monta un profesional: apreciarás en seguida que los hombros y la pelvis están perfectamente inmóviles y alineados. Si por el contrario vemos las imágenes de un ciclista en crisis o agotado, observaremos que, con cada pedalada, los hombros se mueven y la pelvis oscila en el sillín. Es un signo inequívoco de fatiga muscular que altera el gesto del deportista y lo hace aún más arduo. No tiene ninguna importancia tener las piernas muy fuertes si parte de esa fuerza se disipa por una pelvis que se mueve visiblemente con cada pedalada. Por su parte, un core tonificado y entrenado permite transferir la fuerza precisa al cuadro y a los pedales.
De hecho, Graeme añade:

Un core sólido ayuda a eliminar el movimiento innecesario del tronco, por lo que toda la energía producida se canaliza a la pedalada

Si el corsé abdominal está tonificado, la pelvis se balancea menos al pedalear y, por lo tanto, podemos transmitir y contener mejor la fuerza en las piernas y los pedales. En definitiva, hay menos dispersión de energía y fuerza. La pedalada no solo es más eficaz, sino también más fácil y efectiva.
Los músculos del core suelen estar asociados a los "profundos", como los abdominales transversos y el transversoespinoso lumbar. Sin embargo, también son importantes los llamados músculos superficiales (los abdominales, oblicuos y de la espalda). Como recuerda Darren Roberts: "Los músculos profundos actúan como propiorreceptores, básicamente indicándole al cerebro cómo se mueve la columna y permitiendo que los músculos del tronco actúen en consecuencia". Los ciclistas se mueven dinámicamente en la bicicleta, utilizan el cuerpo para hacer frente a las curvas y los obstáculos, no solo para pedalear. Tienes que poder actuar y reaccionar a las fuerzas que intervienen y para ello hace falta lo que Darren llama "la fuerza dinámica del cuerpo", en cuyo centro encontramos el core.

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