El inesperado poder antiestrés de la música

El estrés es una respuesta del organismo ante una carga física o psicológica excesiva, a través de la activación del sistema nervioso simpático (SNS), que provoca una respuesta de "lucha o huida". Normalmente, el estrés se conoce como un estado negativo que puede afectar a nuestro bienestar mental y físico. Sin embargo, todo el estrés no tiene por qué ser negativo o peligroso, si bien una activación continua del SNS puede contribuir a la aparición de enfermedades relacionadas con el estrés, como son las cardiopatías coronarias o los trastornos inmunosupresores.

Hay estrategias que nos pueden ayudar a gestionar el estrés más eficazmente. Entre ellas, recientemente se ha estudiado en detalle el poder que tiene la música para reducir los niveles de estrés, y sus beneficios están respaldados científicamente. Más concretamente, la musicoterapia se utiliza habitualmente como tratamiento complementario para distintas enfermedades.

Por ejemplo, la música relajante, con una cantidad baja de compases por minuto (BPM), es capaz de reducir el estrés, la ansiedad, la frecuencia cardiaca y la tensión arterial en pacientes con cardiopatías coronarias o cáncer. Además, se sugiere que escuchar música antes, durante y después de una operación quirúrgica puede reducir los niveles de cortisol. La música influye en la actividad neuronal del cerebro modificando la actividad de las áreas cortical y subcortical, asociadas a la atención, la memoria y las funciones motoras, al igual que las áreas límbica y paralímbica, asociadas a las emociones. Además, la música mejora la capacidad de los dos hemisferios para funcionar en sinergia.

El ritmo de la música influye en el comportamiento de distintas maneras; por ejemplo, la música no lírica lenta con armonía y sin instrumentos de percusión aumenta la actividad del sistema parasimpático, incrementando la frecuencia de las ondas alfa del cerebro, lo que a su vez provoca una respuesta de relajación. Teniendo esto en cuenta, genera relajación muscular, así como un descenso de la tensión arterial sistólica, de la saturación de oxígeno, de la frecuencia cardiaca y de la frecuencia respiratoria.

Sin embargo, es importante seleccionar el tipo de música adecuado dependiendo del resultado deseado. Se sugiere que la relajación del organismo la proporciona la música de entre 60 y 80 compases por minuto, con elementos adicionales de melodías realizadas con instrumentos concretos como el arpa, el chelo y los instrumentos de cuerda con sonidos de la naturaleza como la selva, los cantos de los pájaros y el sonido de la lluvia. Se recomienda escuchar música durante un mínimo de 20 minutos al día, si bien la duración, la frecuencia, el horario y el tipo de música más eficaces varían en función de cada persona.

En resumen: la música es una herramienta eficaz, económica y segura para reducir el estrés.