Champions Train With Technogym: Kent Farrington

Al haber nacido en Chicago, mi primer recuerdo deportivo es ver jugar a Michael Jordan. Eran los años dorados de los Bulls y él fue una inspiración para todos, con esa mentalidad única y esa energía. Aunque mi recuerdo más antiguo relacionado con los Juegos Olímpicos es el de las Olimpiadas de Estados Unidos, la edición de Atlanta 1996. Solía verlas en la televisión, no lo apagaba nunca, había cobertura ininterrumpida, las 24 horas del día, y no podía apartar los ojos de ella”.

Si has nacido en Chicago, el paso por el baloncesto es obligado, y ni siquiera Kent Farrington, que más tarde encaminaría sus pasos por otros derroteros, pudo escapar al magnetismo del balón naranja y al hecho de tener a los mejores de la historia de ese deporte dentro de su propia ciudad.

Sin embargo, también gracias a los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, este jinete nacido en 1980 se enamoró de otro deporte, el único capaz de reunir sus dos grandes pasiones de niño: “Me enamoré de la equitación porque combinaba en una sola disciplina mi amor por los animales y mi amor por el deporte. Era, y es, una mezcla perfecta de mis dos grandes pasiones. Además, parte de su belleza reside en la importancia de los detalles. En nuestro deporte, los detalles más pequeños pueden marcar la diferencia entre terminar primero o último”.

Un deporte lleno de particularidades, un deporte donde prima la excelencia y en el que los detalles son tan importantes que pueden abrir un abismo entre el primero y el último, entre la gloria y el fracaso. El deseo de Kent es imponerse, sobresalir, y pocas cosas consumen tanta energía mental como el deseo de llegar a la cima. Los días malos forman parte de la vida de los mejores deportistas del mundo, y es la capacidad de aprender de ellos lo que determina quién destacará por encima de los demás: “Yo quiero ser el mejor de todos. Siempre. Es un sueño, pero también un objetivo concreto. Y llegar a ser el más grande es un proceso muy complejo. Requiere una dedicación total y la máxima precisión en cada detalle. No siempre es un camino lineal. Creo que todos los deportistas de alto nivel, todos los que rinden al máximo, tienen dudas de vez en cuando. Pero es preciso enfrentarse a ellas. Porque son algunas de esas dudas las que te impulsan a trabajar más duro y a no aceptar la posibilidad de fracasar”. El fracaso no es una opción.
La mentalidad del estadounidense es clara, lineal y no admite zonas grises. Tiene una confianza en sus propias capacidades que lo ha convertido en uno de los deportistas de referencia en el panorama mundial y del olimpismo (escrito entre muchas admiraciones). La plata de Río 2016 es, hasta ahora, la cumbre de su carrera, pero estamos seguros de que su ambición innata lo llevará aún más lejos: “Los Juegos Olímpicos están a la vuelta de la esquina, y es una pasión que me viene de lejos. Creo que significan tanto porque son colosales. Son más grandes que yo y que mi deporte. Son más grandes que cualquier deporte, y el hecho de que todos los deportistas del mundo quieran participar en ellos los hace especiales en todos los sentidos. Ganar una medalla olímpica y tenerla en la mano es una mezcla de satisfacción y alivio, porque al orgullo de lo que has conseguido se añade el saber que has recogido los frutos de todo tu trabajo”.
Kent Farrington es conocido por ser uno de los mejores saltadores de obstáculos del mundo de la equitación y su medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro lo confirma.
Sus grandes victorias son el resultado de la determinación y el trabajo duro, que empujan al jinete a cuidar su preparación deportiva con la máxima precisión, prestando atención a cada detalle y transformando el cansancio en energía y voluntad de superación.
Kent Farrington entrena a diario con Kinesis Personal.

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