Correr como Haile Gebrselassie

de Giacomo Iacomino, imágenes de Michel Temteme / LUZ

En una granja de Etiopía que era poco más que una choza, vivía junto a su padre, pastor, y nueve hermanos un niño llamado Haile. Para ir al colegio, Haile tenía que caminar diez kilómetros cada día. Anota esta distancia, porque volveremos a ella varias veces.
Pero el pequeño Haile no caminaba. Corría. Siempre corría. Lo hacía con los pies descalzos sobre la tierra árida, una mezcla de arena y grava. El aire era casi irrespirable a causa del calor. Sin embargo, en clase, el rostro de Haile no mostraba signos de fatiga. Por supuesto que estaba cansado, sediento y lleno de polvo. Pero lo primero que veían llegar los profesores y sus compañeros era su sonrisa.
Gebre es amado en todo el continente africano, especialmente por los niños.

Algo especial

Obviamente había algo especial en aquel niño tímido y delgado como un alfiler. Empezando por su forma de correr. Iba a paso ligero pero constante. Rápido, pero fluido. Y luego estaban los libros. ¿Qué pasa con los libros? Que, durante la carrera, siempre los mantenía pegados al pecho. Lo hizo tantas veces a lo largo de su vida que, aún hoy, con 45 años, su postura al correr es exactamente la misma, con la mano izquierda ligeramente baja y firme. Y el brazo flexionado casi noventa grados. Así es como Haile ganó su primera carrera cuando era solo un muchacho. Fue casi un juego: en el poblado celebraban una competición de 1500 metros.

"Prueba a ver. ¿Qué es un kilómetro y medio para ti?", le dijo Tayeke, su hermano mayor. Fue coser y cantar. Como premio, recibió cinco birres, casi medio euro. En ese momento, una idea nació en su mente: competir como forma de salir de la pobreza, de la miseria. Correr para ayudar a su familia.
Aunque su padre quería que se quedase con él en la granja, a los 16 años decidió entrenar en el cuerpo de policía: fue el primer paso que llevaría a Haile Gebrselassie a convertirse en el Usain Bolt del maratón y el medio fondo, y a batir todos los récords posibles e imaginables.

Entrar en la historia
Con su físico, nadie habría dado un euro (ocho birres en moneda etíope)por él, ya que no llega al metro sesenta y cinco de estatura. Sin embargo, como profesional, ha reescrito la historia del atletismo en numerosas Copas del Mundo, Juegos Olímpicos y maratones.

Y lo hizo en la época dorada de los fondistas kenianos, considerados los mejores de todos los tiempos y los rivales más fuertes. "Gebre contra todos", parece el título de una película pero, básicamente, así es como se desarrolló su carrera, a pesar de que el reto, el auténtico reto, era el que mantenía consigo mismo. Su objetivo era derrotar a todos y mejorar constantemente. El día que batió un nuevo récord en los 10.000 metros parecía decepcionado. Cuando le preguntaron por qué, respondió: "Estaba distraído, estoy seguro de que me he dejado al menos tres o cuatro segundos por el camino". A pesar de haber firmado una nueva plusmarca, no estaba satisfecho. Su carácter perfeccionista le hacía ser muy exigente consigo mismo. A pesar de ello, nunca le abandonaba su sonrisa, la misma que esbozaba de niño, cuando llegaba a la escuela después de haber corrido 10 kilómetros.

"Sonrío porque soy deportista. El deporte nació para hacer feliz a la gente. Cuando compito, cuando corro, la gente se siente contenta al verme y yo soy feliz por ello".

“En ese momento una idea nació en su mente: competir para salir de la pobreza, de la miseria. Correr para ayudar a su familia”.

¿Forrest? No, Gebre

Olvídate de Forrest Gump. La expresión "Estoy un poco cansado" no tiene nada que ver con Gebre. Le gusta demasiado correr para decir, o ni siquiera pensar, algo así. No fue casualidad que tardase en retirarse de las competiciones oficiales. En 2010, en Nueva York, se vio obligado a abandonar a los 26 kilómetros. Tenía 37 años. Las piernas no le sostenían como antes, los tendones apenas le aguantaban. "El emperador abdica" rezaban los titulares de la época. Entonces volvió a su tierra. Regresó a Etiopía. Pero esta vez fue diferente a las demás: "La reacción de la gente me dejó desolado, no les gustaba la manera en que había decidido acabar mi carrera. Y tenían razón".

Un adiós a su manera

Para sus compatriotas Haile era un dios. Y un dios no se retira como un perdedor. Así que dio marcha atrás en su decisión de retirarse y participó en la Gran Carrera de Manchester, su último desfile. Se clasificó el decimosexto, pero decidió correr  los 10 km del circuito dos veces, un poco como hacía en el colegio: la primera vez para cruzar la línea de meta. La segunda, para saludar al público y a sus seguidores, en medio de fotos y aplausos. Tanto fue así que hizo las siguientes declaraciones en directo a la BBC: "Dejaré de competir, pero, desde luego, no de correr. Correré mientras viva, correr es mi vida".

Nel nome di Nelson

Correr es su vida, pero también lo es Etiopía. Gebre es uno de los atletas africanos más grandes de todos los tiempos. Su fama en este continente es equiparable a la de George Weah y Roger Milla. Al igual que ellos, su vida ha sido, y sigue siendo, la de un campeón. Tras retirarse del atletismo profesional, Haile se dedicó en cuerpo y alma al desarrollo de su país. Con el dinero que ganó construyó escuelas. Creó puestos de trabajo. Entrenó a las nuevas generaciones y fue nombrado embajador de Unicef por su trabajo con los niños huérfanos y enfermos de SIDA.

¿Su referente? El único posible: Nelson Mandela, se convirtió en un ejemplo al que seguir e imitar. En 2016, Gebre fue elegido presidente de la Federación Etíope de Atletismo. "Quiero cuidar de los atletas, quiero que tengan todo lo necesario”, declaró a Eurosport unos días después de su elección. ¿Y qué opina del dopaje? Un cáncer que debe erradicarse, un trabajo largo y complejo. Como hemos dicho, Nelson Mandela era un modelo al que imitar. Hasta el final. Porque hay algunos que ven en el exatleta etíope un candidato a ser el próximo presidente del país. "Ahora estoy trabajando en el deporte. Y en el deporte, como yo lo concibo, no existe la política. Terminaré mis 4 años de mandato y luego veremos”.

“Viene Gebrselassie”

Gebre tenía un clavo fijo: la derrota, la mejora continua, la agudización de los segundos y los minutos.
Dos oros olímpicos, cuatro campeonatos del mundo y veintiséis récords, tres de ellos aún sin batir: el récord de la hora, el de los veinte mil metros y el de los 30 km en carretera. Y, como es obvio, también ha ganado una decena de maratones. Así es como Haile a reescrito la historia del atletismo de fondo y medio fondo. El mundo se fijó en él en 1992, en Seúl, durante el Campeonato Mundial de Atletismo Sub-20. Con 19 años se llevó el oro en los 5000 metros, pero especialmente en los 10.000, cuya final iba dominando el keniano Josephat Machuka. Hasta la última vuelta: en ese momento, Gebre se recuperó. Se acercó gracias a una zancada rápida y ligera. En los últimos cien metros se conviertió en la sombra de Machuka. Finalmente, a unos metros de la línea de meta, Gebrselassie puso el intermitente. Machuka creía tener la victoria en las manos y, en el instante en que Gebre le adelantaba, le invadió una rabia incontenible. Y reaccionó. Con un puñetazo. Directo a la espalda de su adversario. Como consecuencia, Machuka fue descalificado. Haile cruzó la línea de meta el primero y con una sonrisa, por supuesto.

Había un nuevo sheriff en la ciudad. Tenía una sonrisa fácil, la mano baja al caminar (¿recuerdas los libros?) y el atletismo en las venas. Fue el primer aviso a los kenianos. En 1993 llegó su primera medalla de oro mundial, siempre en los 10.000 metros, en Stuttgart. Tenía 20 años, pero la visión táctica de un veterano. Se pegó como una lapa al entonces campeón del mundo Moses Tanui, obviamente keniano, quien desde el principio sentía el aliento de Gebre en el cuello. Había muy poco espacio entre ambos. Estaban tan cerca que, en la última vuelta, el pie derecho del perseguidor tocó el pie izquierdo del perseguido. Tanui perdió la zapatilla. Gebre adelantó muy cerca de la línea de meta. Como en Seúl. El atleta keniano pidió la descalificación de Gebre, pero los jueces consideraron que había sido solo un accidente.

El dominio

Pasó otro año y, en 1994, Gebrselassie batió su primer récord mundial en los 5000 metros. En 1995 mejoró su propio tiempo en más de diez segundos y batió el récord de los 10.000 m, prueba que le proporcionó otra medalla de oro en el Campeonato del Mundo de Finlandia. 1996 fue el año de los Juegos Olímpicos de Atlanta: Gebrselassie dominó con facilidad y marcó un nuevo récord olímpico en los 10.000 m.

Ganó oro tras oro en los 1500, 3000 y, por supuesto, sus queridos 10.000 m, y repitió cuatro años más tarde en Sídney, donde pulverizó el tiempo del keniano Paul Tergat, su amigo y uno de sus mayores rivales, en 0,09 segundos. Es famosa la frase del comentarista australiano que, en la última vuelta, no hacía mas que repetir: "Viene Gebrselassie!" Entre 1996 y 2000 participó en las siete competiciones de medio fondo más importantes y las ganó todas. El bronce en la Copa del Mundo de Canadá de 2001 fue la primera señal de una carrera que inevitablemente tenía que declinar. Pero aún tuvo tiempo de ganar su primer campeonato mundial de maratón en Bristol y los 3000 m indoor de Birmingham. Después, trató de entrar en la historia del atletismo: nadie había ganado la prueba de los 10.000 metros en tres olimpiadas consecutivas.

Tampoco él pudo hacerlo. Llegó quinto en Atenas debido a un problema con los tendones que le obligó a perderse las últimas tres semanas de entrenamiento. La cita con la historia solo había quedado postpuesta.

El rey del maratón

Sin duda lo es, porque Gebre ha ganado los maratones de Ámsterdam, Fukuoka, Nueva York y Berlín tres veces. Aquí, en 2007, batió el récord del mundo: 2'03'59'' (que seis años más tarde rebajaría en dos segundos el keniano Kimetto). Finalizó sexto en los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008 a la edad de 35 años (por delante de muchos atletas de 20 años), antes de su primera retirada en 2010, tras la maratón de Nueva York, y de tener que renunciar a su sueño de participar en juegos de Londres de 2012. Como ya hemos mencionado, en la Gran Carrera de Manchester afirmó: "Dejo de competir, el deporte de competición. Tenemos que dejar sitio a la gente joven”. Hoy es presidente de la Federación Etíope de Atletismo y su objetivo son las nuevas generaciones.

Método de entrenamiento de Gebre

Despertador al amanecer. Doscientos kilómetros de entrenamiento cada semana. Fortalecimiento y tonificación muscular en el gimnasio con un total de quince sesiones a la semana. Así es como entrenó cada día de su vida profesional. Y así es como se preparan los corredores de maratón profesionales para competir en la actualidad. Gebre sigue siendo un ejemplo, para todos. No es un dios, pero es una persona especial, un atleta excepcional y un modelo de conducta. El Nelson Mandela de las carreras de fondo, salvando las distancias claro. Ya en pie a las 5,30 de la mañana, el atleta etíope recorría 20 km sobre terreno sin asfaltar para calentar los músculos. Más o menos cubría esta distancia en dos horas, con marcha en progresión.
A última hora de la mañana o primera hora de la tarde empezaba la sesión en el gimnasio: allí realizaba ejercicios físicos, pero también ejercicios para fortalecer los músculos, especialmente los gemelos. Uno de sus secretos residía, de hecho, en sus pies, razón por la que la dinámica de su carrera transfería gran parte del impacto a las pantorrillas. Y para terminar el día, otros 10 km de carrera, que podían convertirse en 20, siempre en carretera, aunque a veces los hacía en la cinta.
Cuando corría los 42 km y 195 metros del maratón, se marcaba un objetivo mínimo: recorrerlos en un tiempo cercano o inferior a las dos horas. "En estos casos son muy importantes las llamadas 'series o repeticiones, y esto es válido para cualquiera, tanto corredores de maratón aficionados como profesionales". Son palabras de Gastone Breccia, de 56 años, profesor de Historia de la Universidad de Pavía, pero también entrenador, preparador de atletismo, apasionado del running y autor del libro: "El esfuerzo más hermoso: por qué correr cambia la vida", Ediciones Laterza.
Dicevamo delle ripetute: distanze brevi, dai 600 a svariate migliaia di metri… ripetute tante volte a un ritmo più elevato di quello che si tiene in gara. «Per intenderci, quando mi preparo a una maratona la mia sessione è di tremila metri replicata per quattro volte -continua Gastone. Le ripetute servono ad abituare il cuore a una frequenza cardiaca elevata, il corpo a bruciare non solo zuccheri ma anche i grassi e a migliorare la capacità aerobica generale». C’è un altro consiglio, anzi, una vera e propria regola da seguire per chi corre per davvero: «Mai fermarsi. Una volta conclusa la ripetuta, il corpo defatica correndo, sempre, ovviamente a ritmi più bassi. Al contrario, il maratoneta amatoriale può scaricare camminando, o anche fermandosi e limitare le proprie sessioni fino a due ore e mezzo di corsa continua, accumulando 70-100 chilometri a settimana».

En la mente de Gebreselassie

En una carrera como el maratón, que dura más de dos horas, el aspecto mental es fundamental. "La principal estrategia que debemos seguir -continúa Gastone- es el llamado framing. Es decir, dividir el esfuerzo en fragmentos. Si piensas que quedan 42 km por delante, estás perdido. Es mejor centrarse en los cinco primeros. Luego en los cinco siguientes. Segmentar es la única manera de afrontar el dolor". Sí, el sufrimiento: en un maratón, se vuelve más intenso cuando el depósito de energía entra en reserva. Transcurrido cierto tiempo, la glucosa de los músculos y el hígado se agota y, a ciertos niveles, si no has entrenado, la carrera se convierte en una pesadilla: "Aguantar en esos momentos, ser consciente de que puedes superar la fatiga ayuda al atleta a estar mucho más motivado". He aquí otra palabra clave: fatiga.

Aprender a gestionarla y no sufrirla es un aspecto importante. ¿Cómo? "Con entrenamiento, por supuesto. Pero incluso sin exagerar el esfuerzo en los primeros kilómetros, provocando daños en las piernas y la musculatura". Gastone continúa: "Sobre todo, y esto vale para todo el mundo, debemos saber cuánto podemos dar de nosotros mismos. Porque al principio te sientes bien, en forma, descansado. No pensamos en el después y, por eso, llegamos a la fase de sufrimiento mucho más rápido". Descansar el viernes y correr el sábado si eres aficionado, y reducir un poco el número de kilómetros si eres profesional. Estos son algunos consejos sobre cómo entrenar los últimos días antes de una carrera que se celebra en domingo. Se gana con la respiración, con los músculos. Pero, sobre todo, con la cabeza. Exactamente como hacía Gebre: "Lo curioso - añade Gastone- es que todos los campeones consiguen correr la segunda parte del maratón ligeramente más rápido que la primera".

«Siempre puedes hacer algo, incluso aunque vengas del rincón más pobre de África»

Por tanto, ya tenemos todos los ingredientes de la receta: un conocimiento perfecto de tu cuerpo, la conciencia de tus propias capacidades, en particular de cuánto puedes tirar los primeros kilómetros sin fatiga, correr con extrema regularidad e incrementar el paso por vuelta, siempre manteniendo un ritmo acorde a tus posibilidades. Gastone concluye diciendo: "Si eres más fuerte que los demás y no cometes errores, la victoria es tuya". ¿Te recuerda a alguien? Te daremos una pista: nació en una aldea pobre y pequeña en el corazón de Etiopía. En una ocasión dijo: "Siempre puedes hacer algo, incluso aunque vengas del rincón más pobre de África”.

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