Introducción para mantenerse joven

La actividad física frecuente protege frente a la aparición de las principales enfermedades crónicas, mejora el sistema inmune y ralentiza los cambios relacionados con la edad que experimenta nuestro cuerpo.

El envejecimiento nos afecta a todos

El envejecimiento es un proceso fisiológico y biológico que nos afecta a todos, caracterizado por una reducción progresiva y continua de la capacidad de las personas de adaptarse al entorno. Durante el envejecimiento se producen una serie de cambios físicos y psicológicos irreversibles que no se deben a las enfermedades pero que provocan una mayor susceptibilidad al desarrollo de las mismas.

La actividad física promueve un envejecimiento saludable

La actividad física, si se lleva a cabo con frecuencia, puede ayudar a envejecer de forma más sencilla, ayudando a preservar el estado de salud. Varios estudios que analizan la relación entre el riesgo de mortalidad temprana y la actividad física han hallado un menor riesgo en las personas activas en comparación con las sedentarias. Los efectos del ejercicio son visibles a cualquier edad, lo que indica que siempre es buen momento para comenzar a adoptar un estilo de vida activo.

Mantenerse regularmente activo previene enfermedades

Practicar actividad física con frecuencia resulta beneficioso para reducir el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares como la hipertensión, la diabetes mellitus, las cardiopatías y el accidente cerebrovascular. Además, mejora el sistema inmune y optimiza los cambios relacionados con la edad de la composición corporal.

El envejecimiento se puede clasificar en tres tipos:

  • Tipo 1 o envejecimiento patológico. En presencia de enfermedades crónicas como la diabetes o la hipertensión, el envejecimiento se produce a mayor velocidad lo que provoca una pérdida de funciones más rápida.
  • Tipo 2 o envejecimiento normal. Se caracteriza por los cambios fisiológicos habituales que dependen de la edad.
  • Tipo 3 o envejecimiento óptimo. Se produce cuando el rendimiento físico y mental de la persona son comparables a los de adultos más jóvenes que ellos.

Cómo afecta el envejecimiento al organismo

Con la edad, el sistema cardiovascular se vuelve menos eficaz porque se reduce la capacidad del corazón de contraerse y producir fuerza, por lo que se necesita un mayor esfuerzo. Los tejidos que componen las arterias pierden su elasticidad, lo que provoca una rigidez que, a su vez, produce un aumento de la tensión arterial y un mayor riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular o un infarto.

La masa ósea y muscular se encoge. En las personas mayores, especialmente en las mujeres, disminuye la resistencia ósea, así como la masa muscular. Esto supone que las personas mayores tienen más dificultades a la hora de realizar actividades y presentan un mayor riesgo de caídas y fracturas.

El envejecimiento también reduce las funciones cognitivas (la pérdida de memoria, los periodos de atención son más cortos y las habilidades psicomotrices se ven afectadas), lo que contribuye a la pérdida de la independencia de la persona.

 

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